La química entre animales y humanos

La química entre animales y humanos

Muy probablemente en alguna ocasión hayáis oído y además utilizado la expresión “tener química” para hacer referencia a alguien. Pues esta expresión, dicha la mayoría de las veces a la ligera, podría tener un sentido bastante real y funcional en el mundo que sienten los perros. Sobretodo en de qué forma lo sienten.

Dejando de lado lo puntual de la expresión en sí, lo cierto es que humanos y perros compartimos espacio y tiempo, más no sentimos la realidad que nos rodea de la misma manera. Sabemos, efectivamente, que los perros utilizan sus sentidos de modo bastante diferente a nosotros. No descubrimos nada al contar que los perros utilizan el olfato como sentido más importante y esto les permite conocer y reconocer el mundo.

Sabemos también que el olfato del perro puede de sentir olores y matices que no somos capaces ni de imaginar (a pesar de que cada día, en cada paseo nos demuestren de lo que pueden ser capaces). Y alén de lo exclusivamente habitual para la gran mayoría (olfateo de basuras, pipis y heces de otros perros, plásticos, envases, etc…) cada cierto tiempo leemos en la prensa casos de perros y perras que han ayudado, por ejemplo, a rescatar a alguien que se había perdido, o que han ayudado a encontrar a personas que habían quedado soterradas. También echan una mano a advertir sustancias ocultas y lo más sorprendete, previamente, es que muchísimos de ellos lo hacen sin adiestramiento previo. Perros que avisan prematuramente a sus propietarios de una enfermedad, antes de mostrar síntomas y antes de que cualquier instrumento médico inventado por el ser humano sea capaz de advertir el más mínimo cambio en su organismo.

Existen muchísimos perros con una sensibilidad a la comunicación química sensacional. Pero para comprender todo eso mejor, quizás sea conveniente aclarar qué es eso de la comunicación química.

Para iniciar, deberíamos considerar que la comunicación humano-perro se puede clasificar en tres grandes grupos: oral (voz y sonidos), gestual (lenguaje corporal) y química (COV compuestos orgánicos volátiles).

La comunicación química se distingue de las demás dos por el hecho de que es la única que es unidireccional. Es contar, así como la voz, los sonidos y además el lenguaje anatómico son bidireccionales (ambas partes podemos emitir y recibir), nuestro organismo no está tan preparado para recibir, procesar y también entender lo que pudiese recibir por este canal (el químico). La evolución nos ha dotado de otras capacidades más nos ha hecho en la práctica insensibles en este sentido.

Los perros, en cambio, pueden y saben procesar la información que les llega por este canal. Su olfato está preparado para captar esta clase de señales que emitimos de manera inconsciente y que contestan a cambios fisiológicos más que a pensamientos facultativos.

Dicho de otra forma, la comunicación química es el resultado de reacciones fisiológicas en nuestro organismo provocadas por la interacción con el entorno. Eso se traduce en que resulta ridículo tratar de fingir un estado anímico ante nuestro colega o colega de cuatro patas. Esta es tal vez una de las claves del triunfo de la convivencia entre humanos y perros. Su alta capacidad de observación y su olfato van a darle en poquitos segundos la información real de de qué manera nos hallamos. No sirve de nada tratar de fingir relajación cuando estamos nerviosos, ni al contrario. Ni nada por el estilo.

Es por eso que cuando se trabaja el temor, la calma o cualquier otro aspecto relacionado con el comportamiento de nuestro perro lo primero que debemos hacer es mirarnos a nosotros y ser conscientes de lo que podemos estar transmitiendo de modo inconsciente.

Si nosotros no somos capaces de mantener la calma en una situación concreta no podemos pedirle a nuestro acompañante perruno que lo haga. No estamos en condiciones de hacerlo, por lo que será mejor que ganemos distancia con eso que nos preocupa y que intentemos iniciar a trabajar desde un lugar más adecuado para los dos, en el que nosotros podamos mantener la calma y relajarnos. Será entonces cuando todo en nosotros esté señalando a nuestro acompañante que es hora de relajarse.

Para terminar, contar que la voz es tal vez la herramienta comunicativa menos eficaz. El lenguaje anatómico es muchísimo más fiable para ellos. Y la comunicación química es probablemente la fuente más eficaz y fiable para ellos. Conque ya que no la podemos controlar (por lo menos voluntariamente), estemos atentos a sus réplicas en este sentido. Por el hecho de que pueden darnos pistas bastante interesantes para resolver conflictos y también enigmas que ocultan algunos de sus comportamientos.


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